Del contrafagot al flautín: las notas más graves y más agudas de la orquesta
Un viaje por los extremos de la orquesta, del contrafagot al flautín, con el piano como regla de medir y el órgano como campeón fuera de concurso.

Una orquesta sinfónica cubre casi todo lo que el oído humano es capaz de distinguir como notas. Pero ¿qué instrumento llega más abajo y cuál más arriba? Hagamos un viaje de un extremo a otro, con los hercios (vibraciones por segundo) como guía.
El sótano: contrafagot, contrabajo y tuba
En la orquesta, el récord de grave lo suele tener el contrafagot, un fagot de tubo el doble de largo que, desplegado, mide unos cinco metros y medio. Su nota más grave habitual es un si bemol que vibra a unos 29 hercios, apenas un semitono por encima de la nota más grave del piano.
El contrabajo de cuatro cuerdas llega a un mi de unos 41 hercios. Por eso muchos contrabajistas de orquesta usan una extensión mecánica en la cuerda más grave, que les permite bajar hasta el do (unos 33 hercios), o un instrumento de cinco cuerdas. En la banda, la tuba comparte ese territorio y puede bajar todavía más con las llamadas notas pedal.
El piano, la regla de medir
El piano de 88 teclas va de un la de 27,5 hercios a un do de unos 4.186. Es una buena referencia porque abarca prácticamente toda la orquesta. Si te preguntas por qué se quedó en 88 teclas, te lo contamos en esta entrada.
El ático: el flautín
En el extremo agudo reina el flautín (o piccolo), que suena una octava por encima de lo que está escrito para que la partitura no se llene de líneas adicionales. Su nota más aguda ronda ese mismo do de 4.186 hercios del final del piano. Lo acompañan por arriba los violines, que con armónicos pueden subir muchísimo, y el glockenspiel. En la banda, el clarinete requinto en mi bemol es el que más brilla en el registro agudo de la madera.
Fuera de la orquesta: el órgano
Si salimos de la orquesta, el campeón absoluto es el órgano. Un tubo de 32 pies (casi diez metros) produce un do de unos 16 hercios, por debajo del umbral habitual del oído humano, que se sitúa en torno a los 20. Esa nota más que oírse se siente: hace vibrar los bancos y el pecho.
¿Y lo que no se escribe?
Un detalle curioso: aunque la nota más aguda de la orquesta ronde los 4.000 hercios, oímos hasta unos 20.000 (menos con la edad). Ese espacio lo ocupan los armónicos, las frecuencias que acompañan a cada nota y que hacen que un oboe y una flauta suenen distintos tocando lo mismo. Las notas marcan el mapa; los armónicos le dan el color. Puedes conocer cada instrumento en nuestra página de instrumentos.