Lully, el compositor que murió por un golpe de su propio bastón de dirigir
El compositor más poderoso de la corte de Luis XIV murió por una herida que se hizo marcando el compás. Su historia sirve para contar cómo nació la batuta.

Los directores de orquesta y de banda tienen fama de vivir mucho. Pero la historia de la dirección guarda una muerte tan absurda como célebre: la de Jean-Baptiste Lully, el compositor más poderoso de la corte de Luis XIV, que murió por un golpe que se dio a sí mismo mientras marcaba el compás.
El italiano que mandaba en la música francesa
Lully nació en Florencia en 1632 y llegó a Francia siendo un adolescente. Bailarín, violinista y compositor, se ganó la confianza del joven Luis XIV y acabó controlando casi toda la música de la corte. Con el libretista Philippe Quinault creó la ópera francesa, la tragédie en musique, y tuvo durante años el privilegio real que le daba prácticamente el monopolio de la ópera en París.
Un Te Deum por la salud del rey
A finales de 1686, Luis XIV fue operado de una fístula, una intervención delicada en la época. Para celebrar su recuperación, el 8 de enero de 1687 Lully dirigió en París su Te Deum con un gran número de músicos.
En aquella época no existía la batuta tal y como la conocemos. Para mantener unidos a tantos intérpretes, Lully marcaba el pulso golpeando el suelo con un largo bastón. En pleno concierto, uno de esos golpes cayó sobre su propio pie. La herida se infectó, apareció la gangrena y, según cuentan los relatos de la época, Lully se negó a que le amputaran la pierna. Murió el 22 de marzo de 1687.
Conviene tomar algunos detalles con prudencia: sobre sus motivos para rechazar la amputación circulan versiones distintas, y algunas parecen más leyenda que historia. Pero la causa de la herida, el bastón de dirigir, está bien documentada.
De bastones, rollos de papel y violines
El bastón de Lully no era una rareza. Durante los siglos XVII y XVIII hubo varias formas de mantener junta a una agrupación: golpear el suelo o el atril, agitar un rollo de papel o de partitura, o dirigir desde el clave o desde el primer violín, con gestos de la cabeza y del arco. Esta última fórmula sobrevive hoy en el concertino, que sigue teniendo un papel de liderazgo en la orquesta.
La llegada de la batuta
La batuta ligera y silenciosa se impuso en el siglo XIX, a medida que las orquestas crecían y la música se volvía más compleja. Directores y compositores como Carl Maria von Weber o Felix Mendelssohn la usaron con regularidad. El violinista Louis Spohr presumía de haberla introducido en Londres en 1820, aunque los historiadores discuten hasta qué punto su relato es exacto.
Hoy hay directores que dirigen sin batuta, sobre todo en obras corales o en repertorio de cámara, y otros que no la sueltan nunca. Lo que nadie ha vuelto a hacer es dirigir aporreando el suelo. Ya se sabe por qué.
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