El metrónomo de Beethoven: el error de lectura que quizá aceleró sus sinfonías
Mälzel lo patentó en 1815 y Beethoven fue su primer gran usuario. Dos investigadores españoles creen que el compositor leyó mal la escala: unas 12 pulsaciones de más.

Casi todos los estudiantes de música tienen uno en la estantería. Unos lo adoran y otros lo odian. Pero pocos saben que el metrónomo nació hace poco más de dos siglos, que Beethoven fue su primer gran defensor y que sus indicaciones de tempo siguen dando quebraderos de cabeza a los directores de orquesta.
Un invento con dos padres
La idea de medir el tempo con un péndulo venía de lejos. Galileo ya había estudiado los péndulos a finales del siglo XVI, y en 1696 el francés Étienne Loulié construyó un «cronómetro» musical basado en uno. Pero aquel aparato no hacía ruido: había que mirarlo.
El salto llegó en 1814. En Ámsterdam, Dietrich Nikolaus Winkel ideó un péndulo invertido con un peso móvil: subiendo o bajando ese peso, el vaivén se hacía más lento o más rápido. Un año después, en 1815, el alemán Johann Nepomuk Mälzel patentó en Inglaterra un aparato muy parecido y, desde 1816, empezó a fabricarlo en serie con su famosa forma de pirámide.
Winkel reclamó la autoría, pero fue Mälzel quien se quedó con la fama. Por eso, todavía hoy, muchas partituras indican el tempo con las siglas M.M.: Mälzel's Metronome, seguidas de una figura y un número (por ejemplo, negra = 120).
Beethoven, el primer gran usuario
Beethoven y Mälzel se conocían bien. El compositor vio enseguida la utilidad del invento: por fin podía fijar por escrito la velocidad exacta que tenía en la cabeza, en lugar de fiarse de palabras como Allegro o Andante, que cada intérprete entendía a su manera.
En diciembre de 1815 anotó indicaciones metronómicas en la partitura corregida de su Cantata op. 112. Y en 1817 añadió cifras de metrónomo a varias obras anteriores, entre ellas sus ocho primeras sinfonías.
El problema es que muchas de esas cifras parecen demasiado rápidas. Tanto, que durante dos siglos se ha discutido si eran tocables. Se ha dicho que su metrónomo estaba estropeado, que su sordera le jugó una mala pasada o que simplemente pensaba en tempos muy vivos.
El misterio, resuelto (quizá) desde Madrid
En diciembre de 2020, dos investigadores españoles publicaron en la revista científica PLOS ONE una explicación nueva. Son Almudena Martín-Castro, pianista, que hizo el trabajo como tesis de su grado en Física en la UNED, e Iñaki Ucar, clarinetista y científico de datos del Instituto de Big Data UC3M-Santander de la Universidad Carlos III de Madrid.
Analizaron 36 grabaciones completas de las sinfonías de Beethoven, de 36 directores distintos, desde los años cuarenta hasta la década de 2010: más de 169 horas de música. La conclusión fue clara: los directores tocan sistemáticamente más despacio de lo que Beethoven indicó, incluso los que presumen de seguirle al pie de la letra.
- Los directores de tradición romántica rebajan el tempo unas 13 pulsaciones por minuto de media.
- Los intérpretes historicistas, unas 6.
¿Y por qué? El peso móvil de los primeros metrónomos medía unos 15 milímetros de alto y tenía forma de triángulo apuntando hacia abajo. Esa altura equivale a unas 12 pulsaciones en la escala. Los autores proponen que Beethoven (o quien le ayudaba) leyó la cifra por debajo del peso en lugar de por encima. Un detalle lo refuerza: en el manuscrito de la Novena aparece la anotación «108 o 120», como si dudara de dónde leer.
No es la verdad absoluta, pero es una de las hipótesis más elegantes que se han planteado: no hacía falta un aparato roto, bastaba con mirar en el sitio equivocado.
Cómo usar el metrónomo sin volverte esclavo del clic
La historia de Beethoven deja una lección útil: el metrónomo es una herramienta, no un juez. Algunas ideas para sacarle partido:
- Empieza lento. Busca el tempo en el que tocas un pasaje sin errores y sin tensión, y súbelo poco a poco. Es la base de la práctica lenta, que ya contamos en El Diario.
- Cambia dónde cae el clic. Si lo pones solo en el segundo y cuarto tiempo, o en una pulsación por compás, te obliga a sostener el pulso tú mismo.
- Apágalo de vez en cuando. Toca el pasaje sin él y vuelve a encenderlo al final: así compruebas si has corrido o te has frenado.
- No lo uses para todo. El rubato, las respiraciones y los finales de frase necesitan flexibilidad. El metrónomo sirve para construir el pulso, no para sustituir la musicalidad.
- Lee bien la escala. Si usas uno mecánico de péndulo, comprueba en qué punto del peso debes leer la cifra. Beethoven te lo agradecería.
Del estudio al escenario
El metrónomo ha llegado incluso a las salas de concierto como protagonista. En 1962, György Ligeti compuso su Poème symphonique para 100 metrónomos, que se estrenó en 1963 en el ayuntamiento de Hilversum (Países Bajos). Todos se ponen en marcha a la vez, a velocidades distintas, y la obra termina cuando se para el último.
Si te interesa cómo han cambiado las formas de tocar y de escribir música a lo largo de los siglos, tienes más contexto en nuestra sección de historia de la música.
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