Ruperto Chapí: del flautín en la banda de Villena a reinventar la zarzuela y defender a los autores
El niño que tocaba el flautín en la banda de su pueblo acabó siendo uno de los compositores más queridos de su tiempo y uno de los impulsores de la sociedad que protege a los autores.

Hay músicos cuya carrera empieza en un conservatorio y otros que empiezan en el atril de una banda de pueblo. Ruperto Chapí es de los segundos. El niño que tocaba el flautín en Villena acabó siendo uno de los compositores más queridos de la España de finales del siglo XIX y uno de los impulsores de la sociedad que todavía hoy protege los derechos de los autores.
Un niño en la banda de Villena
Chapí nació en Villena (Alicante) el 27 de marzo de 1851. Su primer maestro fue su padre, José Chapí, y muy pronto entró en el mundo de la banda. Según la tradición local, con unos nueve años ya tocaba el flautín y el cornetín en la Música Nueva, la agrupación que con el tiempo se convertiría en la banda municipal de Villena, y con quince años llegó a dirigirla. Algunos de estos datos se repiten de biografía en biografía sin documentos que los prueben del todo, así que conviene tomarlos con cierta prudencia. Pero el fondo es seguro: Chapí aprendió el oficio tocando, ensayando y escuchando a una banda.
Esa escuela se nota en su música. Chapí escribe pensando en lo que suena bien, en los colores de los instrumentos de viento y en melodías que el público pueda silbar al salir del teatro.
Madrid, el conservatorio y Roma
Siendo adolescente se trasladó a Madrid para estudiar en el Conservatorio, donde fue alumno de composición de Emilio Arrieta, el gran maestro de la época. Allí coincidió con otro joven que también daría mucho que hablar, Tomás Bretón. Para mantenerse, como tantos estudiantes de entonces, tocaba en orquestas de teatro.
En 1873 ganó una pensión de la sección de música de la Academia de Bellas Artes para ampliar estudios en Roma. Era la gran oportunidad para un compositor español de su tiempo. De esos años son obras ambiciosas como la ópera La hija de Jefté (1875) y la fantasía morisca La corte de Granada, una pieza orquestal que revisó a finales de la década y que todavía hoy tocan muchas bandas en adaptaciones.
El rey de la zarzuela
Chapí soñaba con la ópera, pero el público español de su época llenaba sobre todo los teatros de zarzuela. Y en ese terreno fue imbatible. Algunos de sus títulos más conocidos son:
- Música clásica (1880), una pieza breve que se ríe de los aficionados que presumen de entender de música.
- La tempestad (1882), una zarzuela grande de tono dramático.
- El rey que rabió (1891), una sátira política llena de humor sobre un rey y sus consejeros.
- La revoltosa (1897), su obra maestra del género chico: un sainete madrileño en un acto, con un dúo que muchos consideran de lo mejor de la zarzuela.
- Curro Vargas (1898) y La tempranica (1900), de ambiente andaluz.
Lo interesante de Chapí es que no se conformaba con escribir números pegadizos. Cuidaba la orquestación, buscaba que la música contara la historia y trataba al género chico con la misma exigencia que a una ópera. Por eso La revoltosa tiene admiradores incluso entre quienes no suelen escuchar zarzuela.
La pelea por los derechos de autor
A finales del siglo XIX, cobrar por las obras era complicado. Los empresarios teatrales y los editores tenían mucho poder y los autores apenas controlaban lo que se hacía con su música. Chapí, que conocía bien el negocio, se implicó a fondo en cambiar eso.
El 16 de junio de 1899 nació en Madrid la Sociedad de Autores, impulsada por el escritor Sinesio Delgado junto a un grupo de libretistas y compositores entre los que estaba Chapí. Su objetivo era que los autores gestionaran juntos sus derechos y los cobraran directamente. Aquella sociedad es el origen de la actual SGAE, que después cambió de nombre y de estructura en varias ocasiones. Si eres intérprete y no compositor, también tienes derechos propios: te lo explicamos en cómo cobrar por los discos en los que tocas.
Una ópera para despedirse
Chapí nunca dejó de intentar triunfar en la ópera. Lo consiguió casi al final de su vida con Margarita la tornera, estrenada en el Teatro Real en febrero de 1909, con libreto basado en una leyenda de José Zorrilla. Murió en Madrid el 25 de marzo de 1909, dos días antes de cumplir 58 años. Desde 2003 sus restos descansan en el panteón de ilustres del cementerio de Villena.
Por qué recordarlo hoy
Chapí representa algo muy común en la música española: el talento que nace en una banda. Detrás de muchos instrumentistas, directores y compositores profesionales hay una sociedad musical de pueblo, un primer atril y un maestro paciente. Villena lo sabe bien: su teatro principal lleva su nombre. Y la próxima vez que tu banda toque La corte de Granada o una selección de La revoltosa, ya sabes de dónde venía el hombre que la escribió.