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El Réquiem de Mozart: el conde que encargaba obras ajenas, el alumno que lo terminó y la leyenda de Salieri

Un mensajero anónimo, un compositor enfermo y un rival envidioso. La historia del Réquiem de Mozart parece una película, y en parte lo es. Separamos lo comprobado de la leyenda.

Por la Redacción de Rosa Music31 de octubre de 2026 · 4 min de lectura
Página manuscrita del Réquiem de Mozart con los primeros compases del Lacrimosa, escritos a tinta en pentagramas para cuerda, coro y bajo
Comienzo del Lacrimosa en el manuscrito del Réquiem, Biblioteca Nacional de Austria. Foto: Autor desconocido / Wikimedia Commons (dominio público)

Un mensajero misterioso, un encargo anónimo, un compositor enfermo que cree estar escribiendo su propia misa de difuntos y un rival envidioso. La historia del Réquiem de Mozart parece un guion de cine, y en parte lo es: la película Amadeus (1984) la popularizó con muchas licencias. En estos días de Todos los Santos y Difuntos repasamos qué sabemos con seguridad, qué es probable y qué es pura leyenda.

El encargo: un conde con una costumbre curiosa

En el verano de 1791, Mozart recibió el encargo de una misa de réquiem a través de un intermediario que no reveló para quién era. Hoy sabemos quién estaba detrás: el conde Franz von Walsegg, un noble aficionado a la música cuya joven esposa, Anna, había muerto en febrero de ese año. Walsegg quería una misa en su memoria. Y tenía una costumbre poco elegante: encargaba obras a compositores, las copiaba de su puño y letra y las hacía tocar en su casa como si fueran suyas. El secreto no tenía nada de sobrenatural.

Mozart aceptó, cobró un adelanto y dejó la partitura para más tarde, porque ese otoño estaba desbordado. En septiembre estrenó dos óperas en el mismo mes: La clemenza di Tito en Praga y La flauta mágica en Viena. Solo después se puso en serio con el Réquiem. En noviembre cayó enfermo y murió en Viena el 5 de diciembre de 1791, con 35 años.

Lo que dejó escrito

Mozart no terminó la obra. Su manuscrito permite saber bastante bien hasta dónde llegó:

  • El Introito («Requiem aeternam») está completo, con toda la orquestación.
  • El Kyrie está escrito, aunque parte de los instrumentos los completaron otros.
  • De la Secuencia (del «Dies irae» al «Confutatis») y del Ofertorio dejó las voces del coro, el bajo y algunas indicaciones para la orquesta. Era un esqueleto muy completo, pero había que vestirlo.
  • El «Lacrimosa» se interrumpe tras sus ocho primeros compases. Es probablemente la música más famosa que Mozart dejó a medias.
  • Del Sanctus, el Benedictus y el Agnus Dei no se conserva ninguna página de su mano.

Constanze y el alumno que terminó la obra

La viuda, Constanze, tenía dos hijos pequeños y deudas. Necesitaba entregar el Réquiem terminado para cobrar el resto del encargo, así que buscó a alguien que lo completara en secreto. Primero se lo pidió a Joseph Eybler, que orquestó parte de la Secuencia y luego lo dejó. Después pasó a Franz Xaver Süssmayr, alumno y ayudante de Mozart. Süssmayr completó la orquestación, terminó el «Lacrimosa» y escribió el Sanctus, el Benedictus y el Agnus Dei. Para el final reutilizó la música del Introito y del Kyrie, quizá siguiendo una indicación de Mozart. Años después, en una carta al editor Breitkopf, Süssmayr reivindicó como completamente suyas esas tres partes.

La partitura que recibió el conde llevaba una firma de Mozart y la fecha de 1792, escritas por otra mano. Mozart llevaba un año muerto. Walsegg la dirigió en diciembre de 1793 en memoria de su esposa, pero el Réquiem ya había sonado antes en Viena, en un concierto organizado a beneficio de Constanze. El secreto duró poco.

Las leyendas

«Mozart creía que escribía su propio réquiem». La idea procede de recuerdos que Constanze y otras personas cercanas contaron años después, cuando Mozart ya era un mito. Es posible que, enfermo, dijera algo parecido. Pero no hay forma de comprobarlo, y el relato se fue adornando con cada biografía.

«Salieri lo envenenó». Antonio Salieri fue un compositor respetado, maestro de Beethoven, Schubert y Liszt, y no hay ninguna prueba de que hiciera daño a Mozart. El rumor circuló en Viena décadas después. Pushkin lo convirtió en un drama breve en 1830, Rimski-Kórsakov en una ópera y Peter Shaffer en la obra de teatro Amadeus, que luego llevó al cine Miloš Forman. En la película, Salieri es el misterioso cliente del Réquiem, algo completamente inventado. La causa de la muerte de Mozart sigue sin estar clara, y se han propuesto muchas enfermedades, pero el veneno no es una hipótesis seria.

«Lo enterraron como a un mendigo». Fue enterrado en una tumba compartida sin lápida, como establecían las normas funerarias vienesas de la época para la mayoría de los ciudadanos. Era un entierro sencillo, pero no una humillación.

¿Qué versión escuchar?

La versión de Süssmayr es la que suena casi siempre, y con ella se hizo famosa la obra. Desde el siglo XX, varios musicólogos han propuesto otras terminaciones que corrigen su orquestación o intentan acercarse más a Mozart, como las de Franz Beyer, Richard Maunder o Robert Levin. Algunas incluyen una fuga sobre la palabra «Amén», a partir de un boceto de Mozart encontrado en el siglo XX que probablemente estaba pensado para cerrar el «Lacrimosa».

Si lo escuchas este fin de semana, presta atención al «Lacrimosa»: tras el octavo compás se interrumpe el manuscrito de Mozart. Lo que sigue es otra historia.

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