Pedro y el lobo: el cuento de Prokófiev con el que los niños aprenden a reconocer la orquesta
Prokófiev la escribió en 1936 por encargo de un teatro infantil de Moscú y su estreno pasó casi desapercibido. Hoy es la puerta de entrada a la orquesta para millones de niños: cada personaje es un instrumento.

Un niño, su abuelo, un pájaro, un pato, un gato, un lobo y unos cazadores. Con eso, un narrador y una orquesta, Serguéi Prokófiev escribió en 1936 la que probablemente sea la mejor puerta de entrada a la música clásica para un niño. Pedro y el lobo dura unos 25 minutos y tiene un truco sencillísimo: cada personaje es un instrumento.
Un encargo con una misión
La obra nació de un encargo de Natalia Sats, directora del Teatro Central Infantil de Moscú. La idea era clara: cultivar el gusto musical de los niños desde sus primeros años de escuela. Prokófiev se tomó el reto en serio y escribió él mismo tanto la música como el texto del cuento. Según se cuenta, lo terminó en apenas cuatro días.
El estreno, el 2 de mayo de 1936 en Moscú, no fue precisamente un éxito. Sats estaba enferma, el narrador que la sustituyó tenía poca experiencia y el concierto pasó casi desapercibido. Nadie habría apostado entonces a que aquella pieza, catalogada como Op. 67, acabaría sonando en colegios y auditorios de medio mundo durante casi un siglo.
Cada personaje, un instrumento
Aquí está la magia. Antes de empezar el cuento, el narrador presenta a los personajes y cada uno aparece con su tema musical, siempre en el mismo instrumento:
- El pájaro: la flauta, ágil y aguda, que revolotea por encima de la orquesta.
- El pato: el oboe, con su sonido nasal y un punto torpe.
- El gato: el clarinete, en registro grave y con notas cortas, como si caminara de puntillas.
- El abuelo: el fagot, grave y algo gruñón.
- El lobo: tres trompas, oscuras y amenazantes.
- Los cazadores: maderas y metales, con timbales y bombo para los disparos.
- Pedro: la cuerda, con una melodía alegre y decidida.
Es una forma muy eficaz de aprender a reconocer timbres. Cuando un niño ha oído la obra un par de veces, distingue una flauta de un oboe sin necesidad de explicaciones técnicas. Si quieres profundizar después, en nuestra guía de instrumentos tienes cada familia explicada con calma.
La historia, en pocas palabras
Pedro vive con su abuelo junto al bosque. Una mañana deja la puerta del jardín abierta y sale al prado, donde un pájaro y un pato discuten y un gato acecha. El abuelo le riñe por salir solo: por ahí puede aparecer el lobo. Y aparece. El lobo se traga al pato de un bocado. Pedro, con ayuda del pájaro y una cuerda, consigue atraparlo por la cola. Llegan los cazadores, pero Pedro los convence para llevar al lobo vivo al zoológico.
El detalle final encanta a los niños: como el lobo se tragó al pato entero, sin morderlo, al final todavía se le puede oír graznar desde la barriga. Y sí, es el oboe.
Versiones que merece la pena conocer
La obra se ha grabado cientos de veces y con narradores de lo más variado. Algunas versiones han hecho historia:
- Leonard Bernstein (1960), que narró y dirigió a la vez, con ese tono de profesor entusiasta que le hizo famoso.
- David Bowie (1978), con la Orquesta de Filadelfia. Sí, David Bowie.
- Disney (1946) la convirtió en un segmento animado de la película Make Mine Music, con un cambio importante: el pato se salva.
- Suzie Templeton (2006) dirigió una adaptación en animación stop-motion, sin narrador, que ganó el Óscar al mejor cortometraje de animación en 2007.
En español también hay versiones con narrador, como la que narró Rafael Taibo con la Orquesta Sinfónica de RTVE.
Cómo disfrutarla en casa
No hace falta ningún conocimiento previo. Algunas ideas para sacarle partido:
- Primero, la presentación. Escuchad juntos la parte inicial en la que suenan los personajes uno a uno. Pausad y preguntad: ¿quién es este?
- Después, sin mirar. En una segunda escucha, que el niño levante la mano cuando aparezca el lobo o el gato.
- Dibujad mientras suena. Cada personaje con su instrumento al lado. Funciona muy bien entre los 4 y los 8 años.
- Buscad un concierto. Muchas orquestas la programan en sus ciclos familiares. Verla en directo, con los músicos levantándose cuando suena su personaje, no se olvida.
Por qué sigue funcionando
Noventa años después, Pedro y el lobo sigue siendo la primera obra orquestal que escuchan muchos niños. Tiene un cuento con tensión, un héroe de su edad, humor y un final feliz. Pero, sobre todo, enseña a escuchar. Y esa es la mejor herramienta que un niño puede llevarse a cualquier concierto que venga después.