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Para familias

¿Escuchar a Mozart hace a los niños más listos? Lo que de verdad dice la ciencia sobre el «efecto Mozart»

Discos para bebés y vídeos que prometen niños más inteligentes: todo viene de un experimento de 1993 que no decía lo que se cuenta. Lo que sí sabemos sobre música e inteligencia.

Por la Redacción de Rosa Music28 de octubre de 2026 · 3 min de lectura
Retrato al óleo de Wolfgang Amadeus Mozart pintado por Barbara Krafft, con peluca empolvada y casaca roja
Retrato póstumo de Mozart pintado por Barbara Krafft en 1819. Foto: Barbara Krafft / Wikimedia Commons (dominio público)

Quizá te regalaron un disco titulado «Mozart para bebés» o has visto vídeos que prometen niños más listos si escuchan música clásica. Detrás de todo eso está el llamado efecto Mozart. Vale la pena saber de dónde salió y qué queda de él, porque la respuesta corta es: menos de lo que dicen los envases, pero más de lo que parece si tu hijo toca un instrumento.

Un experimento con estudiantes, no con bebés

Todo empezó con un artículo breve en la revista Nature en 1993. Los psicólogos Frances Rauscher, Gordon Shaw y Katherine Ky pusieron a 36 universitarios a escuchar diez minutos de la Sonata para dos pianos K. 448 de Mozart, o silencio, o una grabación de relajación. Después les hicieron pruebas de razonamiento espacial, como imaginar cómo queda un papel doblado y recortado. Los que habían escuchado a Mozart puntuaron algo mejor, pero el efecto se esfumaba en unos diez o quince minutos.

Nadie habló de bebés ni de inteligencia en general. Pero la prensa y el marketing hicieron el resto. En 1998 el gobernador del estado de Georgia, en Estados Unidos, llegó a proponer que se regalara un disco de música clásica a cada recién nacido.

Lo que vino después

Otros equipos intentaron repetir el experimento con resultados muy dispares. Los análisis que reunieron decenas de estudios concluyeron que el efecto, si existe, es pequeño y no es exclusivo de Mozart. La explicación más aceptada es más sencilla: escuchar algo que nos gusta y nos activa nos pone de mejor humor y más despiertos, y eso mejora un poco el rendimiento durante un rato. En un estudio, a quienes preferían escuchar un relato de Stephen King les funcionó igual de bien el relato.

Escuchar no es lo mismo que tocar

Aquí está la parte buena. Cuando se estudia a niños que aprenden música de forma activa, con clases semanales, los resultados son distintos. En un estudio de 2004, el psicólogo Glenn Schellenberg asignó al azar a niños de seis años a clases de teclado, de canto, de teatro o a ninguna actividad durante un curso. Los de música mejoraron un poco más en las pruebas de inteligencia que los demás. Es una diferencia modesta, y los investigadores siguen discutiendo cuánto dura y de dónde viene. Aprender música exige atención sostenida, memoria, coordinación y constancia semana tras semana.

Qué hacer en casa

  • Pon la música que os guste a toda la familia, clásica o no, por el placer de escucharla y no como si fuera una vitamina.
  • Canta con tus hijos: es la primera forma de hacer música, y no hace falta saber.
  • Si muestra interés, una escuela de música o la escuela de educandos de la banda de tu pueblo le dará lo que ningún disco puede dar: tocar con otros.

Mozart no hará a tu hijo más listo en diez minutos. Pero aprender a tocar, con paciencia y en compañía, sí deja huella.

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